STILL LIFE: PINTAR ALIMENTOS

TENDENCIAS/INF/SCZgm/4 de octubre 2022

¿Has visto aquellas pinturas en las que sólo se observan frutas, hortalizas, quesos, animales de caza y bebidas entre otros elementos relacionados a la comida? La mayoría de estas obras muestran esos elementos sobre una mesa y un fondo simple; podríamos pensar son meramente decorativas, pero el Still life está cargado de simbolismo e historia.


Los vestigios de estas pinturas son muy antiguos, de hecho, hay algunos que datan del 1500 a. C.

Por ejemplo, las pinturas funerarias egipcias, donde se incluían ilustraciones de cultivos, pescados y carnes; la más famosa es la descubierta en la Tumba de Menna.


También las hay de origen griego y romano, una de las más destacadas, se encuentra en un mural en Pompeya que data del siglo I, y se titula Bodegón con tazón de vidrio de frutas y tazones, su característica más impactante, es el efecto de transparencia aplicado al tazón de vidrio.

La especificidad en las representaciones y en la técnica demuestran que, desde tiempos antiguos, existe un interés por documentar el sustento humano.

Naturalezas muertas en el arte moderno el Still life nunca se detuvo, es posible encontrar naturalezas muertas interpretadas según las diferentes vanguardias artísticas que surgieron a finales del siglo XIX, con el impresionismo. Como primer exponente, el impresionismo comenzó como un estilo muy criticado por sus fuertes pinceladas, poca difusión de los colores y representación de lo cotidiano (que era considerado sin importancia). Paul Cezanne fue uno de los grandes exponentes de esta corriente, y nos ofrece una gran variedad de naturalezas muertas, algunas con manzanas, peras, botellas e incluso representaciones de las vanitas.

Al revisar las distintas vanguardias, notaremos que existen naturalezas muertas en cada una de ellas, desde el neoplasticismo hasta el surrealismo, cada una con un comentario de la vida cotidiana en el momento que fueron pintadas. El relato pictórico de lo que había disponible para consumir es una prueba de que el arte y la cocina están íntimamente ligados, no sólo por la necesidad, sino por la experiencia humana.


Fuente: Larousse Cocina